LOCOS DEL BISTURÍ -Sin otros signos de patología concomitante...-

El blog de un antiguo residente de Cirugía cardíaca catalán en tierras gallegas (incluye también los últimos años de Facultad). Actualmente, MIR de Medicina de Familia...

Monday, July 02, 2007


UN DOMINGO EN EL FIN DEL MUNDO

Domingo 1 de julio, por la noche.

Es de noche; el sol hace horas que se ha puesto y poco a poco expiran las pocas horas de vida que le quedan a un domingo agonizante que para mí ha cobrado un valor simbólico especial. Y aquí me tenéis a mí, disfrutando de una frugal cena y un cubata de ron Barceló (a falta de whisky de malta bueno es el ron) rememorando lo que ha sido un gran fin de semana y especialmente un gran domingo. Un domingo especial, una región especial: Finisterre o, en galego, Fisterra. Ya los romanos se referían a esta tierra y a su singular cabo como “Finis terrae” (antiguo “Promontorium Nerium”), el fin del mundo conocido por los clásicos latinos (de ahí el nombre actual, una mera traducción de esta descripción latina); durante siglos este apartado y bello lugar de la parte meridional de la Costa da Morte, km 0 del Camino de Santiago donde los peregrinos queman sus botas tras finalizar la peregrinación, se convirtió en fuente inspirativa de múltiples mitos y leyendas algunas de las cuales dejan su impronta en nuestros días en los relatos sobre barcos y pescadores desaparecidos en estas costas en circunstancias sobrenaturales. Lo cierto es que a nadie le puede dejar indiferente un paraje con tán sobrecogedora belleza como el Cabo Finisterre y sus alrededores, con la imponente figura de su faro erigiéndose hacia el firmamento dominando las costas de esta sagrada tierra, presidiendo unas aguas que durante años fueron “el teatro donde se han hecho cien mil navales tragedias”, si se me permite evocar la célebre metáfora del aclamado Luis de Góngora, un hermoso cementerio en la profundidad de cuyas aguas reposan los cuerpos de todos cuantos entregaron sus vidas al magno océano en busca de una vida mejor para sus familias, anónimos para una Historia que no les hace justicia, pero no para sus viudas e hijos; anegados en esa laguna que es la eternidad de la ausencia; a todos ellos el Cabo Fisterra les rinde el tributo del recuerdo, porque nadie muere definitivamente si es que no cae en el olvido.
Nadie puede quedar impasible ante los escarpados acantilados sobre los cuales rompen las olas de un enfurecido océano, que desde tiempos remotos ha sido testigo impertérrito de miles de historias: historias de amor y de encuentros amorosos de jóvenes ardientes de deseo, historias tristes de marineros ahogados y esposas acongojadas aguardando el regreso del marido que jamás habría de volver, del marido que “partió a bordo de la nave que nunca habrá de tornar, ligero de equipaje y casi desnudo como los hijos de la mar”, como diría Machado; historias de peregrinos acudiendo a Fisterra en cumplimiento de una promesa (al fin y al cabo quién no ha luchado alguna vez en su vida por una antigua promesa que hiciera), de percebeiros, arriesgando sus vidas en busca de los deliciosos frutos del mar; de escritores y almas solitarias buscando un lugar donde hallar paz y tranquilidad para pensar, un lugar cómplice y fiel guardián de sus más secretos e íntimos pensamientos… Es tal la magia del lugar que el avistamiento de esas costas brumosas y su olor a salitre con la suave brisa marina que en ocasiones se torna en viento acariciándote el rostro en un atardecer tal como el de hoy puede cautivarte de manera que te haga olvidar quién eres y te abstraigas tanto del tiempo y de tu persona que tu persona se funda con el lugar y te sientas parte de él y no quieras marchar jamás. Y es que esta tarde ha sido bastante especial; en un símil con la canción de Eagle Eye Cherry diría que esta ha sido una de esas tardes que deseas salvar, inmortalizar ya que nunca sabes si mañana te habrás marchado… para siempre. Ahora bien, resulta paradójico –al menos para mí- que lo que para unos llegó a ser “el fin del mundo” para mí sea precisamente lo contrario. Y es que Fisterra es una de las puntas más occidentales de Galicia (y también de España) y Galicia es para mí el comienzo de un nuevo mundo, de una nueva vida, la culminación –parcial, eso sí- de uno de los objetivos principales de mi proyecto vital. Ante mí se abre una tierra de nuevas oportunidades con 5 años por delante para formarme en aquello que he decidido ser y divertirme a la vez que realizarme haciendo lo que en su día decidí que quería hacer durante el resto de mi vida (al fin y al cabo, ¿hay algo mejor que la Cirugía cardíaca para llegar al corazón de la gente?) y conocer gente nueva, nuevos lugares, hacer nuevos amigos y… ¿quién sabe?, ¿quizás al amor de mi vida, a esa persona con la que merezca la pena compartir sueños e ilusiones y el resto de mis días de existencia? En definitiva, me aguarda un futuro lleno de retos y oportunidades.
No sé, siempre resulta difícil plasmar fielmente en palabras todo cuanto uno siente en situaciones como ésta, algo que de por sí es inefable. ¿Cuántos pensamientos e ideas se han agolpado en un momento en mi mente mientras estaba allí disfrutando de ese atardecer con dos de mis mejores amigos? Lo cierto es que mi recuerdo ha sido también para mi familia y para todos esos buenos amigos y amigas que dejé en Barcelona para empezar mi nueva vida; en definitiva, para todo lo que más quiero en este mundo. Y he aquí los sentimientos encontrados que se ciernen sobre mí: por un lado la sensación de haber acertado escogiendo este nuevo camino en mi vida; por otro, la añoranza y, como dicen aquí, la “morriña” del sacrificio que supone haberme separado de mis seres queridos y de mi tierra (y es que aunque me considero una persona bastante cosmopolita sería hipócrita negar que las raíces de uno siempre juegan un papel importante en su vida).
Me alegra de que por lo menos Laia, también médico y una de mis mejores amigas de la Facultad esté aquí cerca, en Galicia, haciendo Cirugía general. Con ella y su novio, José (con quienes ya en su día hice una fantástica excursión a Cedeira (probando, cómo no, el célebre “marraxo”) y a San Andrés de Teixido del que se dice que “vai de morto o que non vai de vivo”; la lástima es que por desgracia no dispongo de fotos pero al menos ya me libro de tener que sumarme a la Santa Compaña cuando muera) , recorrimos ayer por la noche varios garitos de Santiago, entre ellos Modus vivendi y Dado Dadá (siempre es agradable tomar unas copas en tán buena compañía; aunque a todo esto me acaba de venir a la mente que a juzgar por las conversaciones de los grupitos de gente que teníamos a nuestro alrededor en un par de los locales que frecuentamos, hay en Santiago una auténtica plaga de galenos o como mínimo profesionales o estudiantes relacionados con las Ciencias de la Salud) y ha sido con ellos con quienes he hecho la excursión de hoy a Fisterra. Esto me reconforta y unido a los nuevos amigos que estoy haciendo me hace sentir menos solo en una tierra que aunque extraña y completamente por descubrir para mí esta resultando ser acogedora y hospitalaria, a pesar de que sea desde la soledad de mi alcoba desde donde escriba estas líneas.
También me alegra saber que aunque en la distancia, mis amigos también han cumplido sus sueños y expectativas. Durante la carrera se forjaron auténticas vocaciones que se han visto cumplidas. A día de hoy Anuski y Ornella deben estar trayendo nuevas vidas al mundo; Nuri a quien en un principio le costó decidirse, finalmente optó por la Neumo, tras múltiples devaneos con la Réumato y la Onco; y pudo coger la plaza que quería en un buen hospital; la sorpresa y gran revelación fue Chiquillo, quien a juzgar por sus mails está disfrutando de su nueva carrera formativa como futura traumatóloga. Pero aún están los que día a día luchan por su plaza: Raúl, Sandra y Miki, a quienes desde aquí les deseo toda la suerte del mundo. Tampoco me puedo olvidar de Isaac, un buen amigo donde los haya y un ejemplo de perseverancia, tenacidad y coraje, estudiando a la vez Fisioterapia y Medicina y sacando adelante otros proyectos varios. Nostálgico, sí, pero contento de que las cosas les estén yendo bien, aunque confieso que echo mucho de menos esas distendidas comidas “familiares” con esta segunda familia que llegué a tener en la Facultad. Pero ellos también tienen que seguir sus respectivos caminos, redescubrirse a sí mismos y poner rumbo a sus propios Fisterras (o “Initios terraes”, según como se mire).
Y a la vuelta, sonando en la radio del coche, cómo no, "How to save a life", la bonita canción revelación de "The Fray" que forma parte de la BSO de la célebre serie "Anatomía de Grey"...

Addenddum:
Aquellos que no me conocéis (me consta que hay amigos de Santiago que me leen; desde aquí os envío un saludo; admiro la paciencia y el coraje que tenéis para leer mis rollos) ya os estaréis dando cuenta de que utilizo este blog como un subterfugio para evadirme de vez en cuando del mundo cotidiano a la vez que liberar parte de mis pensamientos y de mi tensión psicológica, escribiendo en él cuando me apetece (y el tiempo me lo permite). Seguramente estaréis pensando que esté loco. Puede ser, pero ¿quién no lo está en estos tiempos que corren?, ¿quién no ostenta cierto grado de locura? ¿quién está lo suficientemente loco como para mostrarse permanentemente cuerdo en un mundo donde la serenidad perpetua es como estar muerto en vida? Y al fin y al cabo escribir en un blog, aunque excéntrico, es mucho más barato que pagar a un psicoanalista. ¿No os parece?

3 Comments:

At 4/7/07 02:45, Anonymous Anonymous said...

WOW! Mira que escribir estos posts tan bonitos cuando me tengo q poner a estudiar para la segunda vuelta... me distraen tantas palabras bonitas!
Desde tu añorada Barcelona, aunque siempre ahí para cuando quieras hacer una visitilla, te mando un besazo y te deseo que esos sueños vitales aún por realizar se vayan cumpliendo por el nuevo camino que has emprendido en Santiago.

 
At 16/7/07 04:34, Blogger Ismurg said...

Bienvenido a la vida del que reside fuera de casa. Como persona experimentada en estas lindes te puede asegurar que hay que intentar aprovechar al máximo todo lo que se pueda la zona. Pueden pasar años y todavía sorprenderte por algo que está a la vuelta de la esquina.
Leer tus aventuras por las tierras galegas me hace la mar de feliz y escribe tanto y como quieras que al fin al cabo el blog, como bien dices, es una buena forma de desconectar.

 
At 18/7/07 14:59, Blogger Leia... said...

Bueno casi me emociono al leer el post, la verdad es que uno siente "morriña" de su tierra siempre, de las costumbres, de las expresiones, del idioma y de tantas cosas en definitiva...
Me alegro de que nuestras pequeñas excursiones cada vez más frecuentes nos vayan llenando de cultura galaica... Nos queda tanto por ver...
No puedo dejar de pensar en aquellos que no están disfrutando esos paisajes con nosotros, pero que lo harán en breve...

En fin no me pongo nostálgica, este fin de semana os veo a algunos de vosotros, y a los que no vea... en la próxima me explicais vuestros progresos...

Besos

 

Post a Comment

<< Home